El silencio es más callado desde el día de su muerte, como si los pájaros hayan decidido no cantar y los autos acallarse. Cierro mi boca y puedo escuchar la nadería, como un eco eterno de la plenitud de antaño fenecida, cuando él vivía y yo con él.
No sé en momento terminé por sucumbir en su mirada, últimamente y durante los últimos días de su vida, he hecho una especie de reminiscencia, quitando el polvo a los recuerdos para buscar aquella tarde (por el brillo de sus ojos bajo el sol) en que lo conocí, pero por más que intento no lo sé, lisa y llanamente no lo logro; Es imposible escindir el momento de la situación, es un intento estéril de separar lo subjetivo y quedarse con el resto.
Quiero volver a enamorarme, o al menos, adherir su piel junto a la mía. Requiero la pervivencia del encanto de vivir un día más; temo olvidar, le temo al perder y a perderme junto a él