No sé cuánto tuve que esperar para enfrentar mi realidad con gallardía, probablemente más del tiempo del necesario, por meses o quizá años acalle mis emociones, que cual tierra fértil surgían de modo natural y tempestivo, sin contemplaciones ni vacilaciones.
No sabes el dolor que significa el escribir cada palabra, cuán hondo es el vacio de saberte fuera de mi alcance, el trabajo que será olvidarte, el recordar las noches en que me convencía de que esto no era más que un tonto enredo, una pérdida de tiempo ociosa y sin consecuencias materiales.
Ya lo he dicho, este quiebre ficticio de lo nuestro, o más bien, de lo mío contigo, es la única vía que he encontrado para liberarme del dolor, de cicatrizar la herida que yo en conciencia he decidido infringirme; esta vez no habrá víctima ni culpable, por suerte, soy el único implicado.