Hoy ya no hay ninguna razón para no verme sonreír, me deleito con mi reflejo ante el espejo, con mis palabras depuradas del resentimiento, con la espontaneidad de cada risa; Encontré el modo de entibiar mis manos por mi cuenta, de gozar de mi propia intimidad, de extender los brazos y encontrar cientos de abrazos en los cuales reposar.
Así, el vacio ya no tiene esa pretérita hondura, hoy se me presenta como un obstáculo necio, como parte inevitable del camino, una parte a la que por cierto tenía ganas de volver, pero sé bien que el descanso era necesario, esta especie de novación y que hoy me deja así: libre y de paso firme, cual hombre que lo apuesta todo por ganar.
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