Eres como el límite de mi promesa, mi verdad inquebrantable y es que, eres tan brillante, tan fácil de amar. Necesito que me abraces, que me des tu hombro, encontrarte en un día cualquiera, hacerte parte de mis escasos planes, de mis decisiones diarias y en mi razón de despertar.
Sé que estas y naciste para mi, y que en el fondo sueles jugar con mi inocencia. Como una sombra errante, como el escurridizo viento que acaricia suave y a veces se hace imperceptible.
De alguna forma he tenido que aprender a sobrevivir con tu presencia y a veces con tu ausencia, me he adaptado a tus condiciones, y a veces me ha dado por odiarte, pero como dicen por ahí: “tan solo se odia, lo querido”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario